21 OCT 2026 · 8 MIN

Movilizar el capital privado para la Defensa nacional y europea

Centro de datos con gráficos de mercados financieros y un mapa de Europa interconectado

En estos últimos años, Europa se ha encontrado con una realidad geopolítica y estratégica que imaginaba ya superada y para la que los gobiernos europeos han demostrado no estar preparados desde los puntos de vista militar, industrial, político y presupuestario. A este punto se ha llegado, principalmente, tras décadas de infra-financiación presupuestaria de la Defensa europea y de políticas industriales de Defensa que han fracasado en mantener una industria europea con las capacidades de producción que requieren los campos de batalla del siglo XXI. La complicada situación fiscal y económica a la que se enfrentan actualmente la gran mayoría de gobiernos europeos, incluido el español, significa que no hay soluciones fáciles desde el punto de vista presupuestario. Es en este contexto en el que los gobiernos europeos están abocados a aliarse con el sector financiero y los mercados de capitales para movilizar los ahorros de los europeos y poder revivir la capacidad innovadora e industrial de la defensa europea.

 

La brecha de financiación de la industria de Defensa

Después del final de la Guerra Fría, el sector financiero, siguiendo el ejemplo de los gobiernos y sociedades de Europa, se retiró del sector de Defensa y Seguridad. Esto provocó que durante varias décadas las empresas dedicadas a la Defensa, especialmente las PYMES, tuvieran graves carencias a la hora de acceder al capital, la financiación y los servicios bancarios clave para cualquier empresa. Por si fuera poco, en los últimos años, la prevalencia de los criterios ESG en el sector financiero ha agravado esta brecha de financiación.

Si bien las comparaciones entre EEUU y Europa en materia militar son siempre odiosas, es importante poner de relieve que en EEUU esta brecha de financiación y desconexión entre la Defensa y el sector financiero nunca ha llegado a producirse, hasta el punto de que, para muchos inversores, una transacción con una empresa dedicada a la Defensa es considerada una más dentro de su vertical industrial. Además, la profundidad del ecosistema de venture capital estadounidense ha sido especialmente exitoso a la hora de fomentar la innovación militar.

Salvando las distancias, Francia es el único país europeo en el que esta brecha de financiación se ha minimizado e, incluso, resuelto. El Estado francés ha tenido éxito en la última década dirigiendo a bancos e inversores nacionales, con un modelo de cooperación entre Estado, sector de Defensa y sector financiero coordinado desde el Ministerio de Defensa francés.

 

Movilizar el capital privado

Dada la gravedad de la situación estratégica, especialmente desde 2022, tanto el conjunto de los Estados miembros como la Comisión Europea han despertado y en los últimos años se han producido cambios significativos que han inaugurado un nuevo consenso político que reconoce la necesidad de movilizar el capital privado. Este nuevo paradigma implica no sólo que ahora se pueda considerar la Defensa y Seguridad europeas como un nuevo mercado para la inversión privada, sino también que el capital privado y sector financiero se están convirtiendo en socios indispensables de los gobiernos nacionales y la UE. Esta nueva cooperación público-privada en la política industrial de Defensa proporciona cierto alivio a los presupuestos públicos nacionales, aunque de ninguna manera los sustituye, permite que la industria se modernice y optimice, y abre la Defensa a los ahorros de los europeos.

Los dos últimos años en particular han visto la creación de un número considerable de nuevos fondos, tanto de private equity como de private credit, dedicados específicamente a los sectores de Seguridad, Defensa y Aeroespacial. También los bancos y grandes gestores generalistas de fondos han actualizado sus políticas de ESG y los mandatos de sus fondos. Aunque la gran mayoría de inversores generalistas están entrando en el sector de forma muy cautelosa y todavía mantienen políticas de exclusión relacionadas con el armamento o las municiones, el cambio generalizado que se ha producido a lo largo de 2025 y 2026 es considerable comparado con la mentalidad prevalente hasta 2022, que veía a las Fuerzas Armadas, y a la industria que las abastece, como algo innecesario, inmoral o como un instrumento meramente humanitario o con funciones de protección civil.

En gran parte, este cambio significativo en el sector financiero ha sido un éxito político e institucional de la Comisión Europea y varios Estados miembros. La Comisión Europea en particular culminó un 2025, en el que destacaron la publicación de su Libro Blanco y el plan ReArm Europe, con dos documentos claves y con implicaciones legales para el sector financiero: una Comunicación analizando la aplicación del marco regulatorio de finanzas verdes y ESG al sector Defensa, concluyendo que este marco regulatorio no impone ninguna limitación y animando al sector financiero a incluir a la Defensa en el rango de inversiones sostenibles; y un Reglamento Delegado clarificando que los únicos elementos del ámbito de la Defensa prohibidos para los inversores son las minas antipersona, las bombas de racimo y las armas químicas y biológicas.

Por su parte, el Banco Europeo de Inversiones ha jugado un papel clave actualizando sus propias políticas y señalando a inversores privados el camino a seguir para financiar proyectos estratégicos de Seguridad y Defensa. En España, el ICO y el CDTI también han empezado a trabajar con el sector.

El último gran objetivo que queda institucionalmente en cuanto a la concienciación del sector financiero es normalizar las transacciones con fabricantes de armamento y municiones, aunque no se puede esperar que todos los inversores estén dispuestos a cubrir esta parte de la industria. Una evolución positiva del mercado supondría que diferentes inversores europeos adquieran diferentes niveles de apetito en lo que respecta al sector Defensa, con algunos dispuestos a financiar e invertir en armamento ofensivo y otros con claras políticas de exclusión que sólo les permitan invertir en productos de uso dual, ciberseguridad o áreas de la Defensa extendida como infraestructuras.

 

El capital privado como complemento de la política industrial de Defensa y apoyo a la Seguridad Nacional

Más allá de proporcionar financiación y capital para crecer al sector de Defensa, que son elementales para que las empresas del sector puedan ser competitivas y eficientes, el capital privado va a jugar un papel importante en la política industrial de Defensa española y europea. Dadas las limitaciones presupuestarias, el compromiso OTAN de alcanzar un 5% de gasto público, la profunda fragmentación de la industria a nivel europeo y la inconsistencia de la política industrial de Defensa durante estos últimos años, el sector financiero y los inversores privados están posicionados para actuar como complemento a la política de Defensa proporcionando estabilidad y capital a largo plazo para empresas estratégicas.

Esta cooperación público-privada para la seguridad nacional es mutuamente beneficiosa tanto para el Estado, que puede depender del capital nacional para la financiación a largo plazo de PYMES y start-ups independientemente de los volátiles ciclos políticos y flujos presupuestarios, como para los inversores que, asumiendo los largos plazos de contratación de material de Defensa y los riesgos específicos del sector, pueden tener como contrapartida una garantía soberana indirecta al ser los estados el comprador final. El potencial de esta cooperación se extiende más allá de la política puramente industrial, englobando la Defensa extendida y nuevas áreas clave como son, por ejemplo, las infraestructuras para la seguridad nacional y las soluciones de vivienda y habitacionales para las Fuerzas Armadas.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que al tratar inversiones con capital europeo o estadounidense en empresas estratégicas hay consideraciones obvias de seguridad nacional, especialmente relacionadas con las transferencias de propiedad intelectual, la descapitalización potencial de la empresa o el desmantelamiento de capacidades productivas estratégicas. Más allá de que estos riesgos puedan ser gestionados a través de la Junta de Inversiones Exteriores y de una involucración directa del Estado en la coordinación del capital privado, abrir la puerta específicamente al capital europeo crearía beneficios adicionales, especialmente a la hora de reducir la fragmentación de la defensa europea, promover la internacionalización y las exportaciones de la industria española y fomentar la consolidación paneuropea del sector.

 

Una estrategia de financiación e inversión para la defensa española y europea

Para cumplir el objetivo de movilizar al sector financiero y potenciar la Cultura de Defensa entre inversores, España se beneficiaría de una estrategia nacional para la financiación e inversión, especialmente bajo el paraguas de una nueva y reformada política industrial de Defensa. Como apunte inicial, una prioridad clave de esta estrategia sería determinar áreas tecnológicas y capacidades industriales para fomentar, así como el papel que el ICO y otras instituciones nacionales y europeas deberían tener como mecanismos de transmisión de la política industrial de Defensa al sector financiero.

Desde el punto de vista estratégico, además de buscar lecciones en el mercado de capitales y diseño institucional de EEUU, el ejemplo británico merece atención desde España, ya que en 2026 el Ministerio de Defensa (MoD) británico ha emprendido reformas institucionales relevantes. Con la publicación del Defence Investment Plan, su plan presupuestario plurianual, en verano de 2026, el MoD confirmaba las señales de demanda clave para el sector de Defensa y potenciales inversores, yendo más allá con la creación de una Defence Investment Unit dentro de su National Armaments Director Group para coordinar la movilización del capital privado. Esta nueva oficina será complementada a finales de 2026 con una Defence Finance and Investment Strategy para marcar su ámbito de actuación.